Bienvenidos al Sórdido Tópico. Aquí es donde van a parar algunos de mis relatos de ficción, notas sueltas y alguna que otra colaboración para otro medio. Actualizo de vez en cuando. Pasen y dejen algo de la felicidad que traen...

domingo, 22 de abril de 2012

Lanzamiento de Ropa Sucia en PDF para libre descarga

 

   En conmemoración del Día Internacional del Libro, quiero anunciar el lanzamiento de la edición en PDF de Ropa Sucia. Se trata de mi primer "disco solista", una pequeña colección de relatos breves de sexo, terror,  violencia y humor negro. El libro en papel fue oficialmente presentado en diciembre de 2011. Ahora le llegó el turno a la versión libre, gratuita e intangible. Porque el objeto debe venderse, ya que tiene un costo de producción y materia prima real que debe recuperarse. El contenido, en cambio, debe ser de libre acceso para todo el mundo.

Hacé click AQUÍ y podrás leer Ropa Sucia desde cualquier lugar del planeta y sin pagar un centavo.

Si te gustó y querés adquirir el objeto, lo podés comprar personalmente en las siguientes librerías (sólo en Córdoba capital):

-Llanto de Mudo (Colón 355 Galería Cinerama, local 61)
-Grito Sagrado (Belgrano 860, local 4)
-Rubén Libros (Deán Funes 163, local 1, Paseo Santa Catalina)
-La conjura de los necios (Ayacucho 306)
-Fotocopiadora de la Escuela de Ciencias de la Información (UNC)


viernes, 23 de diciembre de 2011

Presentación de Ropa Sucia en Bordes Espacio Cultural- Lunes 19-12-11


   Ropa Sucia es una breve colección de narraciones minimalistas que giran en torno al sexo, el terror y  la violencia; contados en un tono que oscila entre el humor negro, el laconismo insolente y el sarcasmo melancólico.




 Guillermo Bawden abrió el evento con
 breves y emotivas palabras


   
"Alguien dijo alguna vez que el alma eslava era un bosque sombrío. Gustavo, Cezary para la ocasión, es un devoto de su ascendencia eslava y los relatos que nos ha regalado dejan entrever esa oscuridad brumosa atribuida a la esencia de los pueblos del este europeo. Comparto con él cierta pasión esotérica, cierta obsesión cuasi enfermiza en cuanto al trabajo con los textos y cierta visión sobre la institución literaria, la de aquí, la de allá y la de todas partes.
   No puede esperarse malos escritos de alguien que sabe quién es el Rabino Löw, o que sabe que detrás de la belleza insondable de Praga se esconde un charco de sangre, un poco de barro y madera de golem. No pueden esperarse malos escritos de alguien que entrevé la belleza de un mundo apocalíptico porque comprende, y esto es algo que además compartimos en una aventura escrita llamada Letra Muerta, que ese mundo devastado no es otro que este mismo, sin el velo o la pátina delgada de civilización a la que nos aferramos desesperadamente.
   Alguien lo dijo, yo los invito a adentrarse a este bosque sombrío"







 Ironía brindó un agradable recital acústico con dos 
cortes de luz que no evitó que siguieran tocando.
Eso es actitud 



Sergio Iturbe reseñó la vida y obra de Cezary Novek


   "Nació sin querer y en medio de una nube de jejenes en La Paz, Entre Ríos, en 1982. Días después estalló la Guerra de Malvinas y esta vez no fue su culpa. Por sus venas corre un torrente de la sangre vasco-eslava más aguerrida y separatista. Hasta los cinco años, creció en un barrio cerrado en Río Tercero con una cancha de golf detrás de su patio, casi sin contacto con otros seres humanos. Excepto su perra, su familia y un bosque de manzanos donde intuyó tardíamente la Ley de Gravitación Universal .
   De los cinco a los nueve vivió en un edificio militar en Junín de Buenos Aires, donde gustaba alternar las clases de piano y solfeo, además de irrumpir con su pandilla de amigos en casas abandonadas y escuelas cerradas.
   Desde los diez años, vive en Córdoba. A los once es testigo de un suicidio en la plaza de su barrio. Aquí se da cuenta de que nunca podrá ser un gran músico, ni un gran nada, lo que lo lleva al gran oasis de los ineptos: la lectura constante de historietas y literatura. Esto le ayudó a sobrevivir como pudo la adolescencia en la década más grasa de la historia de la Argentina, durante la cual vivió inmerso en sí mismo y casi siempre triste. Compañeros de secundaria lo recuerdan como un proto-emo. A los dieciocho, comienza a estudiar Comunicación Social. A los diecinueve, Filosofía. Antes de cumplir los veinte, abandona. Desde entonces y hasta los veintitrés años se dedicó a ver ciclos de cine Z, profanar tumbas en el cementerio San Jerónimo, intentar hacer teatro, y tener asistencia perfecta en el café cultural que regenteaba Claudio Trucco de martes a sábados en el local de la Panadería Independencia, en donde un grupo de vagos y malentretenidos se dedicaban-simultáneamente- a llorar por mujeres que los rechazaron, escuchar música atonal, dibujar caricaturas, intercambiar literatura fantástica, imaginar novelas que no se escribirían, planear acciones para generar el caos y la confusión entre los peatones que se cruzasen con ellos y a esperar el amanecer. En el camino, protagoniza una película slasher. Según la web, “la principal característica de las películas slasher es la presencia de un psicópata que asesina brutalmente a adolescentes y jóvenes que se encuentran fuera de la supervisión de algún adulto. La mayoría de las veces las víctimas están envueltas en sexo prematuro o consumo de drogas. El éxito de este tipo de películas entre las audiencias ha generado la producción de numerosas secuelas.” Como Cezáry, por ejemplo. Esta película en cuestión nunca fue estrenada, cosa que lo convenció de que no sería actor de cine. A los veinticuatro, es cofundador de El Vaso Ruso, una revista cultural independiente que hizo gala de niveles inéditos de agresión, salvajismo, humor negro y hasta de ignorancia. La revista dura tres números y su reedición se consigue en este lugar. Si vendo todas me quedo con el 10%.
   Mientras tanto, se dedicó a la cartapesta, a participar de muestras colectivas de historietas y artes plásticas, al trabajo administrativo, las encuestas políticas, la redacción de contenidos, horóscopos y crucigramas. Por aquellos tiempos, los escritos se dispersan en revistas dominicales, omilías traducidas al latín por sacerdotes ortodoxos, fanzines de poca monta, alguna web cultural; y en blogs dedicados al humor absurdo, la narrativa breve y a amenazar de muerte a Javier Eduardo Martínez Ramacciotti. A punto de cumplir los veintisiete, se cansa del trabajo esclavo y decide obtener un título. A los veintiocho, publica en coautoría el libro El Vaso Ruso. Verdad, compromiso ybatahola, una versión autoconclusiva y moderada de la revista homónima, que significaría también el certificado de defunción por hemorragia interna de ese proyecto. A los veintinueve, se pone al frente de un aula por primera vez y también gana una beca gracias a la generosidad aleatoria de los sistemas burocráticos universitarios. Intermitentemente, canaliza la ironía trabajando como escritor freelance de artículos sobre cosas que ignora por completo, como psicología femenina, cómo elegir un buen presentador a la hora de escribir un libro, salud espiritual, consejos para una buena sexualidad, cómo ser feliz en diez pasos, cómo administrar sabiamente el dinero, aprender a seducir sin margen de error, literatura, etc. No tiene casa, auto ni hijos. Actualmente espera, al igual que sus lectores, una muerte rápida y sin sufrimiento"


  ********  
Tazz, Cezary, Tuka, Checho: el equipo editorial 

   Parte del público presente


   "Sabiendo todas las vicisitudes biográficas de Cesáry Nóvek, y en detrimento de su honra, no se puede más que elucidar cuáles son al grueso del público. En los relatos de “Ropa sucia”  hay una serie de referencias a anécdotas que tienen asidero, no tanto en una realidad como en una alucinación que podríamos llamar colectiva. Oligofrenia, sí.
   Lejos de querer agotar las posibilidades de que Cezáry se inserte en la sociedad, voy a referir a tres cuentos que abordan situaciones biográficas del autor o de sus aledaños.
   La edad del personaje del relato “Oink!” coincide exactamente con la del autor. El cuento, en donde dos adolescentes intervienen sexualmente –tan gourmets, tan depravados- a un cerdo asado ayudados por el poder lubricante de la mayonesa,  condice casi exactamente con una vivencia del autor. Era un secreto, pero bueno.
   El relato de los zombies fue un día completo en la vida de Cezáry. Salvo por los zombis, que nunca existieron aunque se empecine en afirmarlo.
   Por último, para deslindar responsabilidades, tengo que decir que en el relato “Cadena alimenticia”, un cuento que fue difundido en un blog que luchaba contra los malos tratos en los call centers y que ahora está en este libro, (cito) “…el personaje principal le provoca una merecida fractura de brazo a su coordinadora, luego de lo cual amenaza con introducir una birome marca Bic y con capuchón en su orificio anal.” (fin de cita) El nombre del personaje, Sergio Alejandro, alude claramente a mi persona. Pero no, jamás haría eso. Nunca trabajaría en un call center. Lo de la Bic, ponele.
   Lo del chancho es cierto. Pero no le pusimos mayonesa. Fue mostaza. Y estamos arrepentidos.
   Ahora sí, con ustedes, Cezáry Nóvek"





 El autor leyó el relato Cadena alimenticia










  Hubo autógrafos y vino





 Salvador, uno de los lectores más jóvenes,
 aprobando la edición de Ropa Sucia

Las fotos de amigos y chicas lindas que asistieron se pueden ver  por acá




Ropa Sucia se consigue en Llanto de Mudo (Colón 355 Galería Cinerama, local 61
),  en Grito Sagrado (Belgrano 860, local 4), en Rubén Libros (Deán Funes 163, Local 1, Paseo Santa Catalina), en La Conjura de los necios (Ayacucho 306), en la fotocopiadora de la ECI  (UNC)y también se puede comprar de
 mano del autor enviando un mail a cezarynovek@gmail.com

jueves, 15 de diciembre de 2011

Invitación...




Este lunes saco mi Ropa Sucia.
Habrá:
Musica de Ironía Indie+ presentación de Sergio Iturbe + lectura de Guillermo Bawden.

Los espero.


Lunes 19/12
19hs.
Bordes Espacio Cultural (Marcelo T. de Alvear 837)



"Ya sean fantasías juveniles que vuelven en la vejez, asesinatos (...) o abortos coleccionables y putrefactos, en todos los casos hay una reflexión- involuntaria como todo lo que devela la crítica literaria- que habla del tedio, del aburrimiento, de la abyección de ciertos personajes que, ante la falta de posibilidades de ocupar un lugar, se ven en la necesidad de desatar sus instintos más salvajes en busca de respuestas o, al menos, de algo que hacer"
-Sergio A. Iturbe, prólogo-


viernes, 14 de octubre de 2011

Escuela de ranitas

   Frente al colegio había una plaza con una fuente de azulejos celestes y leones que tiraban agua por la boca.  A las ranitas les encantaba bañarse ahí. Además, era su escuela.
    Siempre alertas, vigilaban los movimientos de la plaza para huir cuando alguien se acerque.
   Francisco pasaba todos los días por allí, camino al colegio.
   Rimuldo era una ranita de la misma edad que Francisco, pero en rana.
   Las ranas no estudian matemáticas porque no les sirve mucho. En cambio, aprenden natación. Rimuldo siempre se interesó en el canto y  pasaba los días imaginando el gran cantante que sería cuando sea grande. Sus mayores le reprendían por estar siempre  distraído en clases.
    Esa mañana, llovió. Era recreo cuando el maestro Alfromez avisó que se acercaba alguien. Francisco estaba  interesado en ver de cerca la academia de buceo de ranitas.
   Pero estas huyeron según lo indica el Manual Anti Curiosos. Se escondieron en un santiamén.
   Menos Rimuldo, que miraba el arco iris, recién salido.
   De un manotazo, Francisco lo guardó en su mochila mientras caminaba, silbando, hacia la escuela.
  Ningún compañero pudo  atrapar jamás una rana. Cuando supieran, sería el chico más importante del día… y tal vez de la semana.
    Llegó en plena clase de geometría y no tuvo tiempo de contar su hazaña. Cerró la mochila y se puso a trabajar en un dibujo que explicó la maestra Cecilia.
   Rimuldo estaba emocionado: ¡Tenía una aventura fuera de la plaza! Nunca había visto chicos de cerca y se sorprendía por todo: el pelo, la altura, que no se les hinchase el cuello para hablar, que no saltasen sin un elástico o una soga.
   Como le hizo calor,  escapó por un costado del cierre, dando saltitos de acá para allá. Los chicos se codeaban y lo señalaban.
   Francisco intentaba  agarrarlo,  gateando entre los bancos.
   Logró atraparlo; pero la maestra se dio cuenta y le preguntó qué buscaba.
   Francisco abrió las manos y Rimuldo saltó, perdiéndose en el enrulado pelo de la maestra Cecilia. De los nervios, ella se puso a bailar mambo.
   Rimuldo, asustado,  se puso a cantar bien fuerte una de sus canciones preferidas.
   Los chicos reían. Tanto era el bochinche,  que vinieron chicos de otras aulas para ver qué pasaba.
   Tan fuerte cantó  que, desde  la plaza, las demás ranitas lo escucharon.
  Entonces el maestro Alfromez formó un grupo y  saltaron hasta la ventana. Vieron a la maestra Cecilia bailando como loca. Agarrado de un rulo, Rimuldo se revoleaba, cantando a viva voz.
   El escuadrón tuvo una idea: saltaron sobre  las cabezas de los chicos. La situación era un carnaval: todos bailaban mambo, corriendo de un lado a otro con ranitas agarradas del cabello. Cuando Alfromez dio la voz, todos saltaron, huyendo por la ventana.
   Al otro día, Rimuldo estaba triste por haber generado tanto lío.  Mojaba las patitas en el agua, sin ganas de cantar. 
   De pronto, una sombra lo cubrió: Francisco venía a hacer las paces.
   Le trajo un barquito de papel y  una gorra de capitán.
   Las demás ranitas se acercaron y le alcanzaron una pila de hojas de papel a Francisco.
   Todas querían un barquito.



Publicado en El Pequeño Jerónimo (Agosto/2011) 


PD: El Maestro Alfromez existe y podés leer una entrevista acá.

miércoles, 1 de junio de 2011

Gratitud

Nadie dijo que la vida iba a ser fácil.
Es cierto.
En mi caso, reconozco, tuve algunas dificultades.
Sobre todo, al principio.
Es que no se me daba muy bien eso de tener que sobrevivir según las normas de convivencia urbana que fueron establecidas antes de mi nacimiento. Esto no significa que no me gustaba trabajar; por el contrario, nada me complacía más que la belleza de una tarea ejecutada al detalle. Mi vida hubiera sido fácil y sencilla si sólo se hubiera tratado de trabajar y trabajar.
Pero el nivel de sofisticación alcanzado por nuestra cultura hizo que no fuese así de sencillo. Para conseguir un empleo tranquilo, había que estudiar. Para estudiar había que trabajar (o tener familia pudiente, que no era mi caso)
Y si se llegaba a completar los estudios, aún así, había que tener "amigos" más allá, para obtener un puesto. Y si, con todo, se llegaba ahí, había que cuidarse las espaldas todo el tiempo porque la competencia era feroz.
Al fin y al cabo, sólo quería un trabajo que me entretenga los días, una chica para cortejar, una casa para vivir y un perro para que me haga compañía. Una vida sencilla.
Pero las chicas también eran sofisticadas: para cortejarlas había que tener un trabajo interesante, un buen auto, buena ropa, un físico trabajado, actitud, imaginación, astucia, carácter, etc.
Muchas trabas, mucha competencia, mucha comparación, muchos impuestos, muchos papeleos.
Vivía preocupado, angustiado. Mi vida era un juego incomprensible, complejo y absurdo que no me parecía en absoluto apetecible.

Entonces llegaron los zombies.

Fue tan rápido que nadie supo como reaccionar.
En pocas semanas, todo el mundo que conocimos se desmoronó.
Al principio, tuve miedo y mucho asombro. No entendía nada.
Después de un par de días sin comer, tomé en mis manos una maza que había en el garage de mi abuela y salí a buscar comida.
Tenía tanta hambre que no me importó nada y, con el fluir de los días, me puse ducho en el arte de repartir mazazos para mantener a raya el acoso de los fiambres ambulantes.
Después, me encontré una pistola. La pistola me facilitó las cosas y un par de días más tarde, tenía un rifle Winchester, dos revólveres y varios cuchillos de caza.
La comida había que buscarla, con muchísimo cuidado, en los hipermercados.
Cuando me encontraba con un colega saqueador, lo despachaba sin preguntarle ni de dónde vino.
Como están las cosas, había que ser práctico; una cuestión de economía de recursos.
Ocupé una casa amplia y muy bonita en la zona alta de la ciudad. Había pertenecido a un intendente y tenía muy buena vista.
Como no me sentía a salvo, me dediqué a reforzar la seguridad, conseguir combustible, más provisiones y ropa.
Después fui por los libros. Muchos.
Se me escapaba una carcajada cuando me acordaba lo complicado que era tener tiempo- o dinero- para dedicarse a la buena lectura.
Las mujeres fueron llegando de a una.
Nunca me causaron problemas y cuando se peleaban entre ellas mi planteo era simple: te quedás o te vas.
Entonces, se ponían razonables.
El salto demográfico no tardó en llegar. Cada una de las chicas me hizo padre de 4 o 5 chicos. Hubo que ampliar la vivienda y comenzar a sembrar.
Pasaron los años casi sin incidentes.
De vez en cuando, algún que otro colectivo con supervivientes se acerca con propuestas y promesas.
"hay mucho por hacer, comencemos de nuevo" "una gran nación puede nacer si trabajamos unidos" "estamos viviendo una nueva génesis"
Entonces, disparo.
Sí, señor.
Porque empezamos de nuevo, sí, pero a mí manera.
En cuanto a los zombies, mi gratitud es grande. Así que les doy los restos.
Me gusta mi vida.

(Relato participante del Reducto 23)
Ilustración de Elías López

viernes, 4 de febrero de 2011

Anunciación

I
  Marina, la italiana, había descendido varios metros bajo la superficie azul helada del lago. Ella sabía que la profundidad máxima registrada era de más de 400 metros, pero no pensaba sumergirse tanto. Como buena turista de la vida ella sólo estaba incursionando en el buceo nocturno para hacerle una probada. La máxima del buceo deportivo es nunca bucear sólo; pero Marina tenía hambre de aventuras y sed de hombre, y el instructor no estaba nada mal. Así que jugaría al gato y al ratón con él.


II
   Llevaba viajando los últimos cinco años sin atarse a nada ni a nadie. Pertenecía a la nueva ola de europeos que trabajan dos años para viajar tres y, así, sucesivamente. En el caso de Marina, la italiana, una herencia le había ahorrado el trámite de ser moza de bar. Se había divertido tanto.


III
   Un rayo de luz naranja rojizo como un atardecer le daba de frente. No entendía nada, pero era tan linda esa luz.
-¿Dónde estoy?
   Sentía que el agua se había entibiado y un sopor la hamacaba.
-Acá, con nosotros.
   Sentía deseos de quedarse ahí para siempre. La penumbra rojiza y cálida, tan acogedora. Le picó la curiosidad, el sopor se iba.
-¿Nosotros...? ¿Quiénes?
   Recordó que las personas no respiran bajo el agua. El vago resplandor rojizo se apagó. El agua comenzó a enfriarse y recordó que estaba buceando, que no era posible hablar ni escuchar bajo el agua. Ni era posible quedarse dormida y soñar.
-Nunca tuvimos nombre... ¿Nos das uno a cada uno? Total, te vas a quedar con nosotros...
   La luz volvió pero con tonos azul verdoso. Entonces los vió.
   Pero tampoco era posible gritar bajo el agua.


IV
   Fer, el instructor de buceo, dejó el negocio y se volvió a vivir a casa de sus padres a otra provincia.
   Al año siguiente, se anotó en la carrera de Derecho.
   Cuando le faltaban un par de materias para recibirse, se casó con la novia que había conocido en tercer año.
   Cinco años después, se compró una casa propia.
   Tuvo dos hijas que le dieron tres nietos cada una.
   Cuarenta y tres años después, enviudó.
   Siete años después, un cáncer de vejiga se lo llevó el mismo día que cumplía 82.
   Así y todo, ni en su lecho de muerte pudo despegarse del recuerdo de esa mañana, cuando encontró a Marina, la italiana que pretendía tomar clases de buceo con él y se había perdido en mitad de la noche.


V
   Gino, su padre, sabía del primero. Ella tenía 17 años y había quedado embarazada del novio. El mismo Gino la había persuadido para ello. "En el futuro, me lo agradecerás", le había dicho. El segundo, a los 21, fue   de un tipo con el que no se había cuidado. Cuando se enteró, volvió a pagar. Pese a que estaba demasiado avanzado. De los otros tres no sabía nada. Desde que Marina había perdido a la madre y le había pedido un adelanto de herencia, Gino no había vuelto a tener noticias de ella más que esporádicamente y nunca de cosas íntimas.
   "Lo curioso"- decía el médico forense- "es cómo puede tenerlos encima todavía".
   Entonces, le mostró una foto.

lunes, 31 de enero de 2011

Cadena alimenticia

- ¿Qué pasa que no llegamos, nene?
   La voz de la supervisora era tan dura como sus ojos verdes y acuosos; como los tubos de bajo consumo que iluminaban ese mundo de plástico con atmósfera acondicionada en un perpetuo invierno.
- Me parece que vamos a tener que ir menos al baño y vender más ¿No?
   Jugaba con la lapicera Bic entre sus dedos suaves, afilados, impecables.
- Es que...
   Acostumbrado a que le hablen de costado, desde arriba, de espaldas o por teléfono, a Sergio le resultaba difícil la comunicación cara a cara, en privado, con Juli. Su team leader.
- Tu métrica es inferior al promedio, además, se ha registrado que el lunes pasado atendiste un llamado y se te escapó un poco de acento ¿Verdad?
   Sonreía con crueldad, con esos dientes perfectos. Las manos perfectas de Juli descansaban sobre la pila de hojas A4 abrochadas en grupos de 3 o 4 y perfectamente ordenadas. Ver la cantidad de currículums de gente desesperada por ocupar su lugar le hacía sentir a Sergio más terror que una tenaza rodeando sus genitales.
- No estoy durmiendo bien, Juli.
- Acá no te pagamos para que duermas, querido.
   Levantó una ceja y cruzó una pierna. Sergio se preguntó, en medio de su apatía, cuántas veces habrá ensayado ese gesto.
- No, ya sé, quiero decir que no estoy descansando bien y por eso no rindo bien... y creo que necesito ir al médico...
- Ah, sos blandito, qué lástima que un chico joven sea tan flojo; tus compañeros trabajan la misma cantidad de horas que vos y ninguno se ha quejado.
   Hermosa, fría y malvada. Juli nunca se lo planteó de manera conciente, pero disfrutaba de ejercer esa conjunción.
- Eso no es cierto.
   La voz de Sergio era un hilo finito. Pensó en su dolor de cervicales, en el zumbido que sentía en el oído todas las noches cuando intentaba dormir.
- ¿Perdón? ¿Dijiste algo? Tu ficha médica dice que estás diez puntos, así que no veo por qué deberías ir al doctor.
- Ese informe tiene dos años, es de cuando entré.
   Pensó en cuántas ocasiones le pareció escuchar la voz de Juli taladrándole la cabeza, mientras hacía el amor con su novia, mientras conversaba con amigos en una reunión, mientras se levantaba cada día. Pensó en el bruxismo que le arruinó la dentadura durante el último año.
- No discutas, nene, porque las cosas pueden empeorar.
   Sergio alzó la vista y la miró fijo a los ojos.
- ¿Eso es una amenaza? ¿Me estás amenazando?
   El hilo finito era ahora una soga. Trató de visualizar el futuro que él, a los diecisiete años, imaginaba para su edad actual, 27. No se acordaba.
- Tomatelo como quieras. Te puedo decir lo que se me antoje. No hay nadie más que vos y yo acá. Nadie nos está mirando ni escuchando, así que olvidate de imaginar denuncias  por maltrato o mariconadas por el estilo ¿Está claro, pibe? Si no llegás al nivel de métricas planteado, la vas a pasar muy mal acá. No te vamos a echar, quedate tranquilo, pero muy mal la vas a pasar.
- Juli, por favor, tengo problemas personales... estoy con exámenes, me subieron el alquiler, mi novia se distanció...
   La soga de su voz se retorcía, se anudaba. Pensó en la cantidad de veces que había maltratado a su novia porque sí, en su creciente incapacidad para retener información. Cada día le costaba más fijar ideas. Cada vez era más dificil sentir cosas.
- Podés llorar todo lo que quieras, pero acá te pagamos por trabajar, no por llorar. Que te quede cla-ri-to.
   Marcó cada sílaba con un golpecito de su Bic en el escritorio. Se pasó un mechón rubio por detrás de la oreja y esperó una reacción.
- Pero le pongo toda mi energía a esto... no puedo pensar en otra cosa, por eso me atrasé con el estudio, me dejó mi pareja...
   Su voz se quebró como una madera vieja. Una lágrima se asomó. Ahora sí estaba, literalmente, llorando. Cada día sentía más indiferencia por sus afectos, intereses, metas; cada vez más, todo lo suyo se volvía lejano, ajeno.
- Si no te gusta, la puerta no tiene candado.
   Juli sacó un pañuelo descartable del bolsillo de su camisa impecable y se lo alcanzó a Sergio con la mano izquierda. Lo miró con falsa lástima, como perdonándole la vida.
- Tomá, secate. Y comportate como un hombre ¿Querés?
   Sergio tomó la servilleta. Y también la mano izquierda de Juli.
- ¿Qué hacés?
   Lo miró con sorpresa. Si se hubiese abierto un portal a otra dimensión justo atrás del dispenser no se habría sorprendido tanto.
   Sergio la miró con la ternura de un niño retado.
- Nada, perdón.
   Pero no le soltó la mano.
- ¡Soltame ya mismo, Sergio!
   Él tironeó rápidamente, con ambas manos, y la hizo girar de tal forma que, en un pestañeo, la team leader quedó inclinada boca abajo sobre la mesa del escritorio, con el brazo retorcido sobre la espalda.
   Igual de rápido, sin darle tiempo a nada, le metió en la boca el pañuelo descartable y siguió completando con los currículums del escritorio. Los abollaba y se los iba metiendo en la boca mientras le sostenía el brazo izquierdo en un ángulo doloroso.
   Cuando la boca de Juli ya no admitía más relleno, se detuvo. Saboreó por un momento verla así, vulnerable y ridícula.Colorada, con la boca inflada de papel, babeando sobre el escritorio, despeinada y confundida, Juli parecía tan inofensiva como un pajarito herido. Por un momento, casi sintió ternura. Cuando se dió cuenta que estaba apoyado contra sus nalgas, se le escapó una media sonrisa. Después le rompió el brazo.
- Prestá mucha atención a lo que te voy a decir, putita, porque no pienso repetirlo ¿Tengo tu atención? ¿Tengo tu atención?
    Juli se retorcía del dolor y trató de indicar un "sí" con un pestañeo fuerte y un intento de asentimiento con la cabeza.
- Como bien dijiste, nadie nos ve ni nos escucha, así que no hay testigos de nada. Esto nunca pasó y la verdad que fue muy triste que te hayas partido el brazo por tropezar y caer en mala posición contra el escritorio. Pero no es mi culpa. No tengo nada que ver. Nada. Si me fui apenas firmaste la carta esa en la que recomendás al gerente del área de Cuyo mi inmediato ascenso a supervisor y el respectivo traslado a la capital de Mendoza. Pasa que como mis métricas han sido excelentes, vos pensaste que ya toqué techo aquí y ya se lo dijiste al gerente de acá y todo eso ¿Viste?
   Juli abría tanto los ojos que parecía que estaban por irse rodando por el escritorio. Intentó gemir y levantó las cejas. No entendía nada.
- Ah, pero me imagino que en ese estado se te va a poner medio complicado lo de sentarte a redactar y tipear las cartas... bueno, menos mal que ya me tomé yo la molestia...
   Puso en el escritorio un par de cartas impecablemente redactadas. Se las acercó a Juli y le puso la Bic en la mano. Ella firmó como pudo.
- Mmm... solías ser más prolija, Juli. Vamos a intentarlo de nuevo.
   Guardó esas copias y puso otras nuevas sobre la mesa.
- Vamos a practicar caligrafía hasta que te salga una firma decente. Depende de vos.
   Al cuarto intento, Sergio le quitó la lapicera azul. Juli comenzaba a relajarse. Estaba shockeada, al borde de la inconsciencia. El brazo, hinchadísimo, tomaba color morado amarillento. Sergio miró la Bic.
- ¿Nunca te metieron una de estas por el orto?  
   Ella se despabiló como si hubiera metido los dedos en un enchufe roto. Sacudía la cabeza, suplicante, la cara volvió a ponerse roja y le empezaron a caer lágrimas de nuevo. Sergio levantó la minifalda y bajó la bombacha. Puso la lapicera cerca de su cara y le dijo:
- Lo que va a ser difícil va a ser sacarla, especialmente, si la dividimos.
   Quebró el boligrafo en tres partes. Juli se retorcía y se fruncía toda. Sergio le separó las nalgas y percibió que su ano bronceado y depilado, literalmente, se fruncía.
- Ya te gustaría, puta de mierda, pero no es mi onda.
   Guardó los trozos de la Bic en el bolsillo, subió la bombacha, acomodó la minifalda. Acercó una silla y la sentó con cuidado. Le ayudó a sacarle el papel de la boca y lo guardó en su mochila. Sirvió un vasito con agua del dispenser y se lo acercó a Juli mientras le sobaba la espalda.
- Tomá despacito, no te ahogués.

 ***

- ¿Chicos? ¿Unos minus porfa? Gracias.
   La sonrisa helada modulaba un volumen de voz penetrante que hacía mucho había dejado de ser mendocina. Apenas gesticulaba con una mano, señalando al muchacho delgado y de cabello oscuro, a su lado. El tono era neutro, gentil y desalmado como un cantante de números de quiniela. Pero más cool. Barría con la mirada, lentamente, el laberinto color verde eléctrico y blanco desde donde era observada con expresión entre tímida y apática por un centenar de jóvenes. Los ojos celestes de Vale eran temidos en el piso 4.
 - Quiero que le den un aplauso de bienvenida al nuevo Team Leader. Viene de Córdoba y se llama Sergio Alejandro. Tiene unas marcas excepcionales en ventas y va a estar a cargo del piso 4. Le pueden decir Ser. Espero que sean buenos y se lleven bien con él, miren que a Ser no le gusta la gente haragana ni dormilona ¿Eh?  Si Ser pudo triplicar la métrica estandar en menos de seis meses, ustedes también pueden ¿Está clarísimo?
   Y los chicos, claro, aplaudieron.


Dedicado a Sergio Alejandro